Saludo cordial a los cada vez más fieles seguidores de mis venenosas pildoritas. Vea, cuadro, yo no como de histerias, de shows, de amenazas, ni de nada, así que pierden el tiempo quienes tratan de parar la verdad sin decorativos ni pendejadas, tal cual la tiro aquí. Así que vayan preparando dosis industriales de analgésicos para aguantar el ardor.
Bueno, mi llave, voy pa’ esa. La infidelidad y el adulterio no es una vaina nueva, de hecho, desde los tiempos bíblicos ya se relatan en el antiguo testamento varias cachoneadas de manes firmes de la Biblia como el rey David, el cual con todas sus charreteras y trayectoria de fidelidad a Dios, terminó echando una canita al aire con Betsabé, la fogosa esposa de Urías Heteo.
Las ganas de David por la curvilínea y provocativa dama llegaron al punto que la pinta mandó al marido de Betsabé a que acudiera a la batalla y pidió que lo pusieran en la primera línea de combate, que eran los primeros a los que los enemigos le daban ‘materire’. Joda, cuadro, y así fue: al man lo mataron. Tronco de plan macabro, todo por una canita al aire.
Erda, pero para no ponerme ni histórico, ni tirármelas de competidor de Wikipedia, lo que quiero decir es que el cacho siempre ha existido, pero ahora por obra y gracia de los celulares con cámara, WhatsApp y de las redes sociales como Instagram, Facebook, Snapchat, la vaina se le ha complicado a los amigos y las amigas que adornan las cabezas de sus parejas.
Eche, vale mía, la vaina es que ahora cualquier persona dotada hasta del celular mas sencillo puede tomar fotos, pantallazos y hasta grabar videos de cualquier situación sospechosa, salida de motel, pillada en rumba, agarradita de mano, bailadita, escapadita para un baño o un simple me gusta en redes sociales. Joda socio, esas son las prácticas más temidas por los que se dedican continuamente a la conquista y a tirarse unas canitas al aire con amantes furtivos.
Vea, valecita, es que el cacho anda bajito. Incluso, a los ya sonados casos de la pillada del piñudo de Montería y de Dianita la fogosa, sorprendidos en pleno hotel de Cartagena, cuando estaban preparados para entregarse a poner en práctica el Kamasutra completo, se unen cientos de casos que suceden a diario en Barranquilla.
Joda, llave, me cuentan varios manes que andan por ahí en la jugada tirándoselas de picaflores, que de lunes a viernes los parqueaderos de los centros comerciales uno los ve llenos y cuando sube los almacenes permanecen vacíos, eche y ¿pa’ dónde coge la gente? Pues mi llave, se encuentran en los parqueaderos, pillan taxi o Uber y arrancan caletos a desatar toda la pasión reprimida.
Me cuentan mis chismosas fuentes que hay damas que se van dotadas de todo un kit erótico. Aceites calientes y retardantes, cremas, látigos, disfraces, y los manes se van con una dotación de pastillitas mágicas, ungüentos milagrosos, preservativos y toda una gama de productos para convertir el rato placentero en una verdadera faena de pasión, derroche de lujuria, ganas desbordadas y gemidos, que envidiaría cualquier cinta de los estelares Nacho Vidal y Esperanza Gómez. Pura candela, cuadro.
Claro está, que el cacho también está estratificado. Cuando la vaina se presenta en los estratos 1,2 y 3 y en las barriadas populares, la cosa cambia. Ya no hay carros, centros comerciales, dotación de productos y artefactos eróticos, ni nada de esa vaina. Ahí la vuelta incluye un plan muy básico, acorde con el limitado presupuesto. Así que aparecen los mototaxis, habitación con abanico o aire deficiente, en modestos moteles cuyo costo se acomoda a la poca resistencia del bolsillo de estos amantes furtivos.
Joda, cuadro, en el caso de estos últimos, la salida del motel, luego de la faena de lujuria, muchas veces es a pie o en la moto taxi de un vale que hace la tapa. Cómo cambia la nota, cuadro.
Pero hay una vaina que varía poco en todos los estratos. Si son pillados los amantes, el respectivo show no es que tenga muchas diferencias entre los pupys y los lleva’os. En ambos segmentos hay gritos, jaladas de pelo, enterrada de uñas y el repetitivo grito de “quita marido”.
Mientras los lleva’os suben el video a Facebook para la respectiva boleteada pública y les envían a los amigos el testimonio fílmico grabado con el celular chino, para que lo viralicen compartiéndolo por WhatsApp, los pupys se van a nivel de Instagram, graban con celular IPhone X de 4 ‘llones’, pero estos últimos al final, por vainas del qué dirán y cálculos sociales, terminan buscando ayudas espirituales en grupos de oración regresar con la pareja. Ellos esgrimen el argumento de la preservación de la familia.
Vea, mi llave, esta vaina se está jodiendo cada día mas. Ahora son signos de alerta la salida de un solo miembro de la pareja para las tales convenciones empresariales, congresos, trabajos en grupo, las fiestas e integraciones, los paseos, capacitaciones, despedidas de solteros, partidos de fútbol, grupos de ejercicio, ciclismo recreativo o trotadores, cumpleaños, reencuentros, cenas en grupo y hasta los retiros espirituales, joda cuadro, es que estas ocasiones son aprovechadas por los infieles para escaparse. Erda, vale mía, mejor dicho, llave, toca estar con los ojos bien abiertos para que uno no termine como semoviente de corraleja.
A este paso que vamos, nos toca estar pilas vale mía. Eche, cuadro, por eso yo valoro a mi Barbarita, que es más fiel que perro de carro mulero, eso sí yo también soy cangrejo mono mi llave, cangrejo de un solo hueco. Por eso, yo recomiendo con toda confianza, ser como el fósforo venezolano, ese solo prende en su caja. Bueno, así hay que ser y se evita uno mas de un sofoco cuadro.
Sobre todo en esta época donde la belleza femenina, la migración venezolana, la liberación de las mujeres, los escasez de hombres, el aumento de manes que juegan en el otro equipo, el baile del reguetón, champeta y género urbano, hacen que las bellas y fogosas damas tiren lance y hasta hagan propuestas indecentes. Joda loco, cómo han cambiado los tiempos valecitas.
Así que quedan advertidos mis llaves, ya les tiré la línea completa y sin agüeros, después de no salgan con que donde están, que aquí las puse y no las encuentro. Quedan entonces capacitados sobre el exceso de calcificación en la cabeza, léase, el vulgar y descarado cacho.
Listo, vale mía, nos pillamos. Saludos a los cachones, llave y cuídense de caer en esa vaina, porque lo malo no es que a uno le peguen cachos, sino la mamaderita de gallo y la fama de cachón con la que uno queda cuadro. Cha’o pesca’o.











