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Especial multimedia | “Es que el arte me mata el hambre”

octubre 20, 2019
in Ciudad, Cultura, Videos 7/24
Agustín Castro // Foto: Alexa Gorz.

Agustín Castro // Foto: Alexa Gorz.

Por Jill Rossy Gómez - Periodista HORA7/24

 

Refugiado bajo el follaje generoso que brinda un árbol de almendra en medio del paso agitado de gente y vehículos que se apropian de la calle 72 -entre carreras 48 y 49 de Barranquilla-, Agustín Concepción Castro Marín cumple todos los días, de 9 de la mañana a 3 de la tarde, su jornada artística de diestro y experimentado tallador de la madera.

Ni las altas temperaturas, o la lluvia inesperada; nada logra perturbar la concentración y el rigor con que Agustín asume su trabajo.

“Mi segundo nombre es Concepción porque nací el 8 de diciembre, soy signo sagitario, ‘modelo Ford 46’, buena marca”, dice entre risas para justificar su curioso segundo nombre, y revelar que tiene 73 años.

“Nací en Barranquilla, en el barrio San Felipe, pero me he criado en Galapa, porque mis padres eran de allá, ellos ya murieron”, agrega como carta de presentación a HORA 7/24, que se interesó en conocer la obra de este artista callejero.

Agustín sale todos los días a las 6:00 de la mañana de su casa en el barrio San Antonio de Galapa, directo a la 72. Antes se despide de su compañera sentimental, Elsi Púa, con quien convive hace 40 años en una relación de la que no hay hijos. Aunque aclara que él es padre de dos, con una pareja anterior a Elsi.

“Mi mujer no trabaja, se dedica a lavarme la ropita, eso es lo que le llevo yo, ropa sucia”, dice el artesano con un dejo de desconsuelo.

De sus hijos cuenta que “están entrados en los 40”, y ambos residen en Antioquia. Solo uno de ellos trabaja la artesanía.

A las 9 de la mañana Agustín ya está exponiendo sus obras en la concurrida calle 72, al tiempo que se dedica a tallar otras más.

“Hago todo tipo de figuras, humanas, de animales, máscaras, sillas, lo que sea, desde diminutas hasta en tamaño real, como el cliente lo desee. Tengo un catálogo extenso”, expresa con afabilidad.

El día que lo visitamos tenía para la venta en su exposición al aire libre, unas 20 piezas que adornaban ese pedazo de andén en la convulsionada 72.

Había figuras antropomorfas, como un centauro que lleva en las manos un arco y una flecha, símbolo del signo zodiacal Sagitario; también un hombre vestido de Garabato, un futbolista, un mítico dios egipcio, un aborigen de la Sierra Nevada, y la cabeza de Jesucristo coronada de espinas.

Igualmente una palenquera, tortugas pequeñas, e incluso un tarjetero de escritorio en forma de manos entreabiertas.

Agustín Castro lleva 20 años en esto, tallando, exponiendo y comercializando su arte en la avenida Kennedy, nomenclatura oficial de esta calle.

“A veces me toca trasladarme a distintos puntos porque las autoridades de Espacio Público de la Alcaldía, nos persiguen”, afirma en tono lastimero.

 

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Fotos: Alexa González.

Su trabajo lo realiza ahí, en aceras y andenes, ante la mirada de admiración de los transeúntes que observan como diestramente van saliendo figuras de los trozos de madera que caen en sus manos.

Pero también trabaja en un taller que tiene en su casa de Galapa. “Eso me lo regaló José Antonio Segebre, el pasado gobernador del Atlántico. El que está ahora no me ha querido dar nada”, se lamenta el artista.

Agustín Concepción se queja también de que últimamente los huesos se le resiente por las posturas y posiciones, nada cómodas, en las que le toca trabajar: sentado en el duro andén sobre la bolsa en la que carga su producción.

“No tengo en qué descansar la espalda, y mi espacio de trabajo en la calle es reducido, pues debo cuidarme de que no me dé el sol”, dice.

El estómago del artista también le muestra su descontento cuando llega el mediodía y no ha vendido lo suficiente para poder almorzar, como ocurrió el día que HORA 7/24 lo visitó en su taller artesanal a cielo abierto.

“Un día bueno me gano entre 50 y 60 mil pesos, de ahí no pasa; el día malo me voy sin la plata del bus y sin almorzar. Si hay para el almuerzo me tomo una sopita”, expresó el hombre sin dramatismo, con la resignación de que esa situación hace parte del dinamismo de la economía y de la suerte.

“Usualmente lo que me gano me alcanza para el transporte, y comer en la casa lo que se pueda”, añade.

Hace 40 años la situación de Agustín Castro era diferente, se desempeñaba como maestro de obras en construcciones, y en los ratos libres de su trabajo elaboraba, por puro hobby, artesanías en madera que regalaba a sus amigos y familiares.

“La construcción me daba el triple de lo que me da esto, yo salía en una semana mala con 500 mil pesos en el bolsillo, y aquí en la semana hay veces que no vendo ni 100 mil pesos”, recordó.

A pesar de esta notable diferencia económica de sus ingresos, Castro explica que tuvo que abandonar el oficio de maestro de obras porque empezó a sufrir una alergia provocada por el contacto permanente con el cemento.

“La piel se me brotaba y tuve que hacer el cambio. En cemento también elaboraba piezas artesanales, eso me gusta, se trabaja bonito, yo le hago la figura que quiera sin pintarlo previamente, solo a base de pura mezcla, pero el cemento me mata”, sostiene.

Agustín creció en una familia numerosa, es el menor de 11 hermanos (han fallecido ocho), y desarrolló su arte desde temprana edad de forma empírica, e incluso “divina”, como afirma, ya que está convencido que su talento es “un regalo de Dios”.

“Yo empecé solo, nadie me enseñó, desde niño dibujaba sin saber leer ni escribir, y trazaba con facilidad. Yo puedo vendarme los ojos y hacer mi arte, porque eso me lo regaló Dios”, manifiesta pleno de fe religiosa.

http://www.hora724.com/wp-content/uploads/ARTESANO_1.mp3

Esculpir vendado es un espectáculo extra que ofrece y asombra tanto a sus clientes, como a personas del común que lo ven trabajar en la calle.

Declara con absoluto convencimiento producto de todos estos años de trabajo, que su arte tiene más acogida entre personas de las llamadas “clases menos favorecidas”.

“He notado eso, que el que va en carrito ‘de cachetico y tal’, ni siquiera me mira, voltea la cara cuando uno lo mira, cree que le va a ofrecer el producto y lo esquivan”.

A pesar de estas artimañas caprichosas que la vida le presenta, Agustín se defiende con paciencia, lo que le ha servido para mantener la calma en momentos difíciles.

“Mi esposa me dice: ‘Mijo ¿por qué estás haciendo esto, que no es rentable?’ Yo le respondo: ‘Lo que pasa es que a mí me gusta lo que hago’. También me dice que para qué estoy aguantando hambre, y yo le contesto que el arte me mata el hambre, y me quita todo. Entonces me califica de masoquista”.

Video: Alexa González.

La contracara de la dureza de su oficio son los elogios que recibe a diario, y se constituyen en el antídoto supremo que lo mantienen firme en la actividad.

“Un antioqueño me dijo una vez: ‘Maestro, usted no merece estar en el suelo’, y yo le pregunté por qué, me respondió: ‘Usted tiene unas manos bendecidas por Dios’. Es lo mejor que me han dicho”.

Video: Alexa González.

Agustín revela una de sus intimidades de las que a veces se avergüenza.

“A los 14 años no sabía leer ni escribir, y me ocurrió lo siguiente: en frente de mi casa vivía una muchacha muy bonita, con unos padres muy celosos, cuando no había esa libertad de ahora de salir hasta las 3 de la mañana, y que el novio se meta en el cuarto de la novia. Para los padres el hogar era sagrado y lo hacían respetar, por lo tanto no tenía forma de comunicarme con ella.

“Como nos gustábamos, ella me mandó un papelito con el hermano y él me lo dejó caer, yo lo recogí y lo abrí, pero no sabía leer. Esa fue una de las vergüenzas más grandes que he sentido en mi vida, por ese caso decidí ir al colegio inmediatamente. Recibía clases de 6:00 a 9:00 de la noche, recuerdo que les daba regalos artesanales al profesor, y una vez me dijo que yo ya estaba preparado para entrar a la universidad.

“Finalmente no me casé con la muchacha del papelito, ni hubo nada, pero ella fue la que me dio las fuerzas para aprender a leer y escribir, sin esa motivación estuviera pagando las consecuencias, porque el estudio es muy necesario”, afirma convencido.

Video: Alexa González.

Este hecho que marcó la vida de Agustín Concepción Castro le hizo caer en la cuenta de que la educación es la única herramienta con la que puede combatir su mayor miedo: que el legado artesanal con el que ha sostenido su hogar y satisfacción vocacional se muera junto con él.

“Yo me alegro cuando las personas me apoyan, pero yo lo que quiero es que se les enseñe a los jóvenes para que el legado no se pierda. Lo único que le pido al Gobierno es que eduque a los muchachos, no a mí, yo lo que puedo es transmitirles mis conocimientos para que este arte no muera”.

http://www.hora724.com/wp-content/uploads/ARTESANO_2.mp3

Las aspiraciones de este artista popular aguardan la ayuda gubernamental para hacer efectiva la realización de sus sueños, como lo fue en su momento el taller de artesanía que tiene en la casa.

“Hace poco llenamos un formulario en la secretaría Distrital de Cultura, con esto nos iban a dar la tercera parte del salario mínimo como apoyo de parte del Estado, pero resulta que no nos han dado nada, ni creo que nos vaya a dar algo ya”.

Asimismo ansía que le regulen la situación con la oficina de Espacio Público, pues desea tener un puesto de trabajo digno.

“A mí me gustaría mantener mi artesanía en la calle, no encerrado en un local, eso sería meter preso al arte. El arte es libertad, me gusta que lo vea todo el mundo, así no lo compre, lo importante es que lo puedan ver más que todo los niños”.

En más de una hora de conversación con HORA 7/24, Agustín Concepción Castro Marín se desenvolvió con amabilidad y confianza, como si estuviera en una tertulia dominical entre amigos en la que solo faltaban las cervezas heladas.

Durante ese lapso fuimos testigos de las múltiples voces de elogios de los transeúntes, que detenían su andar para admirar las figuras de madera que brotaban de las manos del artista.

Sin embargo, partimos con el sinsabor de saber que este era uno de sus días crítico en los que iba a pasar sin almuerzo, pues lastimosamente los elogios que recibió por su obra no le dan para comer.

Tags: Agustín CastroarteArtesaníasartesanoBarranquillaCalle 72crónicaEspecial multimediaGalapa

Autor: Jill Rossy Gómez

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