Nojoda, cuadro, la semana pasada comencé a referirme a los actuales concejales de Barranquilla a los que la reelección se les está embolatado. Por supuesto llovieron las llamadas y reclamos, pero cada vez que me reclaman, yo me pongo más duro, no como de enojos ni amenazas.
Así que al que le caiga el guante que se lo chante y si le dolió, sóbese y si le sigue doliendo, árnica para el golpe, cuadro.
Bueno, vale mía, voy pa’ esa. Hey, mi llave, a propósito de los concejales, hay más de uno que anda apretando el asterisco con la Reforma Política, recuerden que hasta el momento está aprobada la lista cerrada, lo que quiere decir, que el orden en el que van inscritos los aspirantes lo definirán los congresistas y directivos de los diferentes partidos, ¿se imaginan ustedes en cuál puesto pondría el senador José David Name al traicionero concejal Juan Carlos Cochino?
Por eso, Juan Carlos Cochino está reuniéndose todos los días con sus chamanes de cabecera, poniéndose mas collares que nunca, pegándose baños de hierbas y danzando el baile de María Lionza a ver si se le cumple el milagrito de que se hunda la reforma y se salve de pasar por el inconmovible cedazo de Name, que tiene a Cochino metido entre ceja y ceja.
Ñerda, Cochino, te veo barro, llave, sobre todo porque como pasen las listas cerradas, te tocará llevar a otro candidato. El que la hace la paga, por eso tu traición al Cura Hoyos, Hoenigsberg y últimamente a Name, te puede salir costosa.
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Por ahí anda dando vueltas el tal Ratael Sánchez Martillo, quien después de las elecciones de 2015 se comió solito el billete de la reposición de votos y luego, con los 16 ‘llones’ que le pagan en la Universidad del Atlántico, estuvo bastante callado durante estos años.
Pues bien, Ratael Sánchez Martillo ahora quiere regresar con su discursito engaña bobos, a dárselas de transparente y descontaminado de la politiquería, como precandidato de la Colombia Humana, del camarada Petro, a la Alcaldía de Barranquilla.
Joda, cuadro, yo he visto gente cínica, carona y desvergonzada, pero esta pinta ya es el colmo. Recordemos que el transparente Ratael Sánchez Martillo fue secretario de Educación durante la administración del cura Hoyos y luego concejal durante varios periodos, donde siempre estuvo jugando a estar en la productiva mayoría.
La pinta siempre ha vivido del Estado. Desayuna, almuerza, cena y merienda con la plata de papá Estado y tiene el descaro de salir ahora nuevamente con el cuento chimbo que es el defensor de los necesitados. Manda huevo, cuadro, ábrete Ratael.
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Ñerda, cuadro, por ahí me enteré que el tubérculo del tal Ramón Corronchón va a aspirar a la Alcaldía de su pueblo, San Benito de Abad, Sucre. Joda, cuadro, menos mal que ese saco de yuca se fue y bien lejos, ya era hora que arrancara de aquí.
La parte mala es que un pueblo que necesita desarrollo y progreso, no se merece que este representante de la corronchería y ramplonería más grande, termine dejando a la Alcaldía tan jodida como dejó a Edubar, bien ido Corronchón.
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La estupidez humana no tiene límites. Nuestro flamante secretario de Tránsito de Barranquilla, Fernando Piñata, es campeón en tomar las peores decisiones. Piñata siempre navega entre las aguas de la ignorancia y la prepotencia.
La última genial idea de esta lumbrera de la movilidad fue cerrar varias calles del norte de Barranquilla, para que los pelaitos pupis, vecinos de Piñata, salieran a pedir los dulces sin que existiera riesgo que un carro los atropellara.
La consecuencia no pudo ser peor, la ciudad se convirtió en un enorme trancón, que desesperaba a los miles de conductores que a esa hora trataban de regresar a sus casas. Era tal el trancón producido por el doctor Piñata, que los taxistas se demoraban una hora en llevar una carrera al norte de Barranquilla. No hay derecho a tanta estupidez junta, cuadro.
Lo peor es que al tal Piñata se le está acabando el respaldo político, pues su jefe, el cuestionado senador Serrucho Desgranado, está a punto de irse de medida de aseguramiento por sus rápidas manitos en el sector salud.
Erda, cuadro, por fin le pararon bolas a este delincuente con credencial. Era hora que le pusieran el tatequieto a una pinta que es más torcido que un cigüeñal. Listo, cuadro, me abro. Chao, pescao.












